In Nutrición

La mejor nutrición para el cerebro se traduce en un buen rendimiento intelectual, si no nutrimos nuestras células cerebrales, el cerebro tiene muchas dificultades para realizar sus funciones. Estudios recientes demuestran que la capacidad de aprendizaje, lenguaje, funciones ejecutivas, rendimiento cognitivo y estados de ánimo están ligados a al consumo de nutrientes.

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Para satisfacer las necesidades cerebrales y optimizar su funcionamiento necesitamos alimentos materiales: macronutrientes (proteínas, hidratos de carbono, grasas) y suplementación (minerales, vitaminas, etc.), y alimentos inmateriales como los estímulos sensoriales, estímulos cognitivos, músicoterapia matinal y vespertina, contaminación acústica, temperatura ambiental adecuada.

En nuestro cerebro tenemos entre 19,3 y 22,8 billones de neuronas, y cada día perdemos alrededor de 85.000, 1 neurona por segundo. Tenemos 9 billones de células gliales cuando somos jóvenes y 36 billones en la madurez, las células gliales son vitales en el funcionamiento cerebral. Tenemos 180.000 Km de vías neuronales, y el conjunto de membranas cerebrales es de 25.000 m2, es decir tenemos una superficie de intercambio de más de 4 estadios olímpicos de atletismo juntos

 La neuroplasticidad es la capacidad que tiene el cerebro de adaptarse a los estímulos externos. Una neuroplasticidad aumentada se asocia a mayor resiliencia, que es la capacidad de adaptarse a los eventos vitales, una menor neuro plasticidad se asocia a trastornos como la depresión y el estrés.

Entre los factores que influyen en la formación de neuronas se incluyen: una nutrición óptima, estímulos sensoriales ricos, ejercicios psíquicos y físicos, aprendizaje continuo, tener una tasa óptima de serotonina. Entre los factores que la dificultan tenemos la depresión, la edad, el alcohol, el tabaco y otras drogas.

NECESIDADES NUTRICIONALES DEL CEREBRO

GLÚCIDOS: El cerebro utiliza permanentemente glucosa. La hipoglucemia reduce las prestaciones del cerebro, por lo que los hidratos de carbono que ingerimos deben ser de baja carga glicémica, para evitar estas hipoglucemias.  Una tarea intensa aumenta el consumo de glucosa cerebral.  El aporte de glucosa mantiene la actividad cognitiva

Una persona sana hace un buen uso de la glucosa cerebral, en una persona enferma de depresión disminuye el uso de glucosa por parte del cerebro.

GRASAS: Un déficit de colesterol se asocia a un aumento de la enfermedad depresiva, el colesterol debe estar en niveles óptimos, con un HDL elevado. Los ácidos grasos Omega 3, según estudios epidemiológicos existe una relación inversa entre el riesgo de depresión mayor y el consumo de pescado, lo mismo ocurre con la depresión postparto.

PROTEÍNAS: son fuente de aminoácidos que son precursores de los neurotransmisores, como el triptófano, que es precursor de la serotonina y la tirosina, precursor de la dopamina y la noradrenalina.

Otros nutrientes: vitaminas, minerales, oligoelementos, etc., actúan como cofactores enzimáticos, y forman parte de las estructuras celulares. El déficit recurrente de hierro se relaciona con bajo rendimiento intelectual, también el yodo. La vitamina D favorece el neurotrofismo, la neuroprotección, la neuroplasticidad y la  neurotransmisión. La vitamina B12 y el ácido fólico (Vitamina B 9), ambas deben estar en niveles óptimos. Si la B 12 está baja tenemos menores prestaciones mentales, si la  B 12 está baja, y la  B 9 alta, las deficiencias mentales son 5 veces mayores, esta situación se agrava en las personas ancianas

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